fragmentariamente que está marcado por el ya-no-ser. Es

fragmentariamente
y vedado de toda posibilidad de estabilidad “me acuerdo, no me
acuerdo”” (Saborit).  Así, aquello
que le permite al Mexico constituirse como tal es el hecho mismo del amor de
Carlos por Mariana, mientras el recuerdo de Mariana dure, el recuerdo por la
cuidad seguirá. Es en este punto que adquiere mucho mayor sentido la cita
referida más arriba: “Voy a guardar intacto el recuerdo de este instante
porque todo lo que existe ahora mismo nunca volverá a ser igual”. Por una
parte, anuncia, lo que vendrá. Siguiendo con la configuración de este mundo de recuerdos,
hay una de las evidencias que permiten ver que los hechos están en otro orden
del que se tiene en la realidad concreta. Me refiero a la confusión de planos
que se da en el relato, que se manifiesta sobre todo al final. Carlitos quiere
comprobar por sí mismo la muerte de Mariana, pero sin embargo todo lo que
confirma la realidad parece desvanecerse. A Mariana nadie la conoce, nunca fue,
tampoco Jim, y toda esta historia se le escapa de las manos: “Estoy en
este edificio desde 1939 y, que yo sepa, nunca ha vivido aquí ninguna señora
Mariana. ¿Jim? Tampoco lo conocemos … Cosas que te imaginas niño. Debe ser
en otra calle, en otro edificio” (Pacheco). “Me acuerdo, no me
acuerdo ni siquiera del año”, dice nuevamente el narrador ya para cerrar
su discurso. Entonces, ¿ocurrió, no ocurrió? Sólo le queda un indicio de que
toda esta historia sí fue cierta: aún sigue enamorado de Mariana. Entonces,
“existió Mariana, existió Jim, existió cuanto me he repetido después de
tanto tiempo de rehusarme a enfrentarlo” (Pacheco 37). Esta historia se
valida en cuanto el enamoramiento le siga convocando recuerdo. Y en cuanto ese
recuerdo sea convocado, el mundo podrá ser reconstituido en su conciencia. Y,
en ese sentido, Mariana existió, al menos en ese México que es el que nos
refiere el autor liminar.

Aún
queda mencionar el presente del narrador, que está marcado por el ya-no-ser. Es
quizá una de las marcas más fuertes de este relato. Pero finalmente hay una
comprobación textual, el último enunciado de la novela en donde se está
refiriendo a Mariana: “Si viviera hoy
tendría ochenta años” (Pacheco 37). Sacando cálculos simples, se puede
determinar con mayor precisión el punto de hablada: ya que Mariana tenía 28
años en el tiempo en que ocurre esta historia, se puede saber que el narrador
se sitúa aproximadamente en el año 2000, unos veinte años después de escrita la
novela real. ¿Qué quiere decir esto?, que efectivamente está en un mundo que ya
no es, un México posterior al presente, con referencia al año, que se publicó
la novela. Y que por lo tanto en la época actual al final de la narración es
posterior al presente y ese hoy se instala en el México que ya no existe:

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“Demolieron la
escuela, demolieron el edificio de Mariana, demolieron mi casa, demolieron la
colonia Roma. Se acabó esa ciudad, terminó aquel país. No hay memoria del
México de aquellos años. Y a nadie le importa: de ese horror quién puede tener
nostalgia. Todo pasó como pasan los discos en la sinfonola. Nunca sabré si aún
vive Mariana. Si hoy viviera tendría ya ochenta años”. (Pacheco)

Esto
es lo que lleva a la hipótesis que se planteó al principio de la novela: “The
past is a foreign country. They do things differently there” (L.P Hartley: The
Go-Between) Todo lo que fue señalado puede verse relativizado por el México que
nos presenta el narrador, el México que ya no es, el que sólo existe en cuanto
es convocado por él, y ni siquiera él puede recordarlo bien. Toda esta ciudad
es aquella que el narrador recuerda precisamente como la cuidad que ya no
existe, que ha desaparecido. Es convocada a presencia por el narrador, lo reconfigura,
pero se puede pensar que todo lo que es presentado es un recuerdo, del México de
antes, en el que el mundo en que se instala el narrador, que es el mundo
marcado por el no-ser. Pero éste es un acto reflejo: sólo con la manifestación
de ese México perdido en el recuerdo, se puede pensar en la existencia del México
de antes. Finalmente, el mismo lazo que permite traer a existencia todos esos
fragmentos del México de antes. Siendo así, su existencia se valida, y
validando esa existencia es capaz de traer a presencia ese `México antiguo’ pero
que fue borrado, que desapareció. Pero aún hay algo que le permite revestir ese
mundo de sentido. (Verani, 1987) Todo esto termina por configurar un relato
lleno de nostalgia, pero no necesariamente por ese mundo que fue. El amor que
alguna vez tuvo por Mariana es lo único que puede hacerle frente a esa cuidad
que se cae a pedazos sin saberlo, bajo el nombre de crecimiento y progreso. Y
la memoria, como la única forma de poder traerlo a presencia, incluso aquello
que no pudo ser.